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La vivienda de “pago por uso”; ¿es el momento?

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Recientemente tuve ocasión de asistir a una conferencia en la que se discutía el futuro del sector residencial, estando conformada una de las mesas de debate por promotores de vivienda. Fue interesante —e incluso gratificante— presenciar un discurso moderado por parte de todos los ponentes, marcado por el optimismo, pero envuelto en cautela. Parece que el sector residencial sí ha aprendido la lección de la pasada crisis, huyendo del faraonismo y de la especulación sistemática de antaño. La oferta de vivienda se adapta ahora a la demanda —y no al contrario— con decisiones muy meditadas y medidas de inversión y promoción.

Uno de los temas que se suscitó en la conferencia fue el del acceso de la gente joven a la vivienda, pero las únicas alternativas que se barajaron fueron las de la compra o el alquiler. Los promotores se lamentaban de que los precios del suelo les impedían promover vivienda lo suficientemente asequible y que casi toda la vivienda que producían era “de reposición”. También manifestaron su preocupación por el futuro de esa juventud que no se puede permitir la compra de una casa y que, viviendo siempre de alquiler, cuando se jubilen, tendrán que destinar una parte importante de su pensión al arrendamiento.

Entiendo el discurso y, lógicamente, entiendo también que un promotor de vivienda residencial quiera vender viviendas, en lugar de alquilarlas. Comulgo a su vez con la idea de que la vivienda es un buen vehículo de inversión a largo plazo y que, de un modo u otro, tenemos que ser un poquito hormigas —y no siempre ser cigarras—, protegiendo nuestros intereses futuros para cuando entremos en la tercera edad.

Lo entiendo.

Ahora bien, lo que en ocasiones echo en falta es más imaginación en la creación de soluciones habitacionales, particularmente si tenemos en cuenta que ya empezamos a oír campanas —desde otras regiones del mundo— relativas a maneras alternativas de vivir, en especial cuando se trata de la juventud. Me estoy refiriendo al co-living

Si, lo sé, ya has oído hablar del co-living, pero no te lo acabas de creer; ¿edificios parecidos a residencias de estudiantes, en los que renuncias a una gran parte de tu privacidad —y espacio— y compartes toda una serie de servicios comunes con desconocidos?

Bueno, es posible que a una persona de 40 años no le motive vivir de esta mañera, pero a alguien de 27, quizá sí.

Pero, reconozcámoslo, tampoco te creías lo del co-working, y ésta es una macro-tendencia que ya empieza a consolidarse. Parece que los propietarios de oficinas han entendido que el público quiere soluciones más flexibles para sus necesidades de espacio, y se han subido al tren del real estate as a service.

Ir a artículo los propietarios de oficinas descubren al consumidor

Si esto lo han comprendido los propietarios de edificios de oficinas, ¿cuánto tardarán en popularizarse alternativas de este tipo para la vivienda?

Está bastante claro que, en el futuro, ya no tendremos coches en propiedad, sino que pagaremos solamente por los minutos que los utilicemos. Teniendo en cuenta que los coches —además—se conducirán solos, éstos se convertirán en plataformas desde la que se nos vendan todo tipo de servicios adicionales. Durante los trayectos, aprenderemos idiomas, realizaremos videollamadas y haremos todo compras online.

vivienda de pago por uso

Fuente: Pop-Up City

Pago por uso en el sector residencial; real estate as a service

¿Tiene sentido que esto —el pago por uso— se aplique al sector residencial? ¿El real estate as a service tiene aplicación en una vivienda?

Quizá sí, quizá no. Ahora bien:

¿Tiene lógica que una persona veinteañera compre o alquile una vivienda, cuando todavía no sabe adónde le llevará su trayectoria profesional? Quizá tenga que trasladarse a otro país o ciudad, con todo lo que ello conlleva desde el punto de vista logístico, pero la compra —y hasta cierto punto, el alquiler— limita su movilidad geográfica.

¿Tiene sentido que una persona recién titulada compre o alquile una casa convencional —asumiendo que se lo pueda permitir—, cuando seguramente apenas pase tiempo en ella?

El discurso es parecido al de elegir una carrera profesional; en España, por ejemplo, el sistema educativo está estructurado de tal manera que a los 17-18 años hemos de elegir la carrera que queremos cursar, una decisión que marcará el resto de nuestras vidas.

Y con la vivienda sucede algo similar; a los jóvenes solamente se les ofrece la opción de alquilar o comprar, retrasando su emancipación y obligándoles en todo caso a seguir el carril inmobiliario convencional, mucho antes de tiempo de lo que desearían.

¿Por qué no construir entonces edificios residenciales destinados a este tipo de uso, como ya está haciendo WeWork (WeLive) en Nueva York o como hace The Collective en Londres? Edificios en los que sus inquilinos disponen de una pequeña vivienda/habitación privativa, que según el precio puede incluir cocina —compartida o no— y salón, pero cuyos servicios y zonas comunes incluyen bares, restaurantes, gimnasios, bibliotecas, lavanderías, terrazas exteriores, cines, saunas, discotecas, cocinas comunes e incluso puestos de coworking?

En los siguientes vídeos puedes ver la solución que proponen WeLive y The Collective respectivamente:

Sobre el papel, tiene todo el sentido del mundo, ¿no? Es una alternativa muy interesante, tanto para los jóvenes como para los que ya no lo son, ¿no?

Sí… salvo por el precio. Los precios que ofrecen ambas alternativas son equiparables a alquileres convencionales en sus respectivos mercados. WeLive argumenta que ofrece mucho más a cambio, y que en sus instalaciones formas parte de una comunidad muy productiva en lo personal y profesional… pero me sigue pareciendo caro.

¿Es posible aplicar la fórmula del co-living sin que el precio que dispare, permitiendo a sus usuarios ahorrar una parte significativa de sus ingresos?

Si esto fuera factible, los jóvenes dispondrían de un “carril inmobiliario” alternativo por el que discurrir, y podrían destinar sus ahorros a otro tipo de inversiones que no estuvieran compuestas necesariamente de ladrillo.

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Jorge es un profesional inmobiliario con más de 15 años de experiencia, especializado en innovación inmobiliaria, desarrollo de negocio y corporate real estate internacional.

Jorge también es autor de “Officeye, la Guía de Edificios de Oficinas de Madrid” y de “Blockchain para todos los públicos y sus aplicaciones en el sector inmobiliario, financiero, sanitario y cultural”

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