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3 obstáculos que impiden convertir tu ciudad en smart city

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He hecho referencia esta misma semana a algunas aplicaciones posibles de las ciudades inteligentes, cuya puesta en práctica ayudaría a que la población de verdad sintiera y agradeciera que el lugar en el que vive tiene, en efecto, algún tipo de inteligencia. El razonamiento tras dicha reflexión reside en que las ciudades de hoy en día toman muchos datos sobre sus ciudadanos y sus movimientos, pero no ofrecen mucho a cambio, o por lo menos nada que evidencie que uno se encuentra en una smart city. Te invito a consultar dicho artículo si todavía no has tenido oportunidad.

Ahora bien, aunque sobre el papel parezca fácil esbozar lo que sería para cada uno de nosotros una smart city, existen muchas piezas móviles e intereses a conciliar para la puesta en marcha de estos proyectos tan colosales y transversales. Tanto si se trata de una ciudad ya existente y en funcionamiento como si se trata de un mega-proyecto de nueva construcción, como NEOM, Greenwich Peninsula o Madrid Nuevo Norte, son muchos los obstáculos a sortear por el camino.

En el caso de las ciudades y desarrollos existentes, hay que lidiar con problemas estructurales de toda índole derivados del crecimiento orgánico —y desordenado— a lo largo de cientos de años. Y en el caso de los nuevos proyectos, es preciso emplear una bola de cristal para adivinar cuáles serán las necesidades y motivaciones de las personas que terminen trabajando y viviendo allí, con la dificultad añadida de que esas personas probablemente no hayan nacido todavía.

En todo caso, existen 3 obstáculos muy claros entre la ciudad en la que vives y esa teórica “ciudad del futuro”, independientemente de que “ciudad del futuro” signifique una cosa diferente para cada uno de nosotros.

proptech smart city neo tokio

Así se imaginaron el Tokio de 2019 en la película Akira, estrenada en 1988.

Obstáculos en el camino hacia la ciudad inteligente

1.- La regulación relativa a los avances tecnológicos

Si has seguido con algo de atención los artículos de PropTech Lab, comprobarás que se han cubierto todo tipo de tecnologías, incluyendo los coches voladores y los vehículos autónomos. Y lo más probable es que sobre ese lienzo en blanco de nuestra ciudad inteligente ideal, todos dibujáramos coches surcando el cielo, ¿verdad?

Ir a nuestro artículo sobre coches autónomos y smart cities

La buena noticia es que nos estamos acercando mucho a que este tipo de transporte sea una realidad, y son varias las empresas que están innovando en este terreno. Ahora bien, también hay una mala noticia: no existe un código de circulación para coches voladores, ni se ha regulado todavía el tráfico de este tipo de aparatos.

Ni siquiera existen leyes en materia de vehículos autónomos; la regulación va con mucho retraso, y no es previsible que acelere el paso en este sentido. Lo más probable es que cuando compres tu primer coche volador, solamente puedas usarlo en espacios muy delimitados y con restricciones muy parecidas a las de las avionetas de recreo; olvida —de momento— ir a trabajar al estilo Blade Runner.

En otras parcelas de innovación también es probable que se produzcan fricciones con la regulación. Por ejemplo, si se quisiera ofrecer a los ciudadanos de una smart city información mediante realidad aumentada, y que esta información estuviera personalizada y adaptada a cada individuo, ¿qué diría la ley sobre ello en cuanto a la protección de los datos personales? Si queremos que la ciudad reconozca e identifique a cada uno de sus ciudadanos en todo momento, la ley se lo tendrá que permitir primero. Y las personas somos muy sensibles cuando se trata de nuestra privacidad; ¿renunciarías a una parte de ella a cambio de que pudieras ver o consultar, mediante unas gafas de realidad aumentada, todo tipo de sugerencias, recomendaciones y servicios basados en tu identidad, tus preferencias históricas y tu localización?

2.- La burocracia administrativa… y la política ☹

El problema que existe en muchos ayuntamientos es que los especialistas en cada ámbito —infraestructuras, energía, salud, educación, etc.— trabajan en silos independientes, con iniciativas dispares entre las que no se comparte la suficiente información.

Ahora bien, cualquier proyecto de ciudad inteligente obliga a la transversalidad y a la coordinación de todas estas parcelas, entre otras razones porque las nuevas tecnologías lo permiten. Se deben recopilar, tratar, registrar y compartir datos en todas las áreas, para identificar correlaciones y oportunidades sobre las que se pueda actuar; la herramienta es el big data, por si lo estabas dudando.

Ir a nuestro artículo sobre big data inmobiliario y cómo sacarle partido

El cerebro de la ciudad inteligente debe servir como punto de unión y coordinación entre todas las líneas de actuación, con metas que incorporen y consoliden el conocimiento y la información de todas las especialidades y especialistas, independientemente del partido político en el que militen.

3.- La falta de comunicación y compromiso

Un proyecto de smart city ha de considerar y atender los intereses de todo tipo de personas y comunidades. Las iniciativas han de comunicarse debidamente, antes de que los planes sean definitivos. No sólo han de comunicarse los proyectos, sino que se ha de invitar a la participación en ellos, de manera que se recaben los máximos apoyos posibles para su puesta en marcha y realización. Esta comunicación y búsqueda de compromiso debe realizarse de manera continuada en el tiempo, salvando a tiempo los problemas y realizando las correcciones que sean necesarias.

Por ejemplo, el pasado mes de julio hacía referencia a cómo la realidad virtual podría servir para ilustrar y compartir el proyecto de Madrid Nuevo Norte; sería una forma fantástica de conseguir tracción y atraer interés desde múltiples ámbitos.

En resumen, la tecnología es el hilo conductor de toda ciudad inteligente, tanto en la dotación de inteligencia —artificial— en su sentido más estricto a los proyectos en sí, como en la instrumentación de los canales de coordinación y comunicación necesarios para que todas las partes implicadas participen y se involucren. Una ciudad inteligente ha de ser tecnológica, pero por encima de todo debe ser inclusiva y participativa.

Jorge es un profesional inmobiliario con más de 15 años de experiencia, especializado en innovación inmobiliaria, desarrollo de negocio y corporate real estate internacional.

Jorge también es autor de “Officeye, la Guía de Edificios de Oficinas de Madrid” y de “Blockchain para todos los públicos y sus aplicaciones en el sector inmobiliario, financiero, sanitario y cultural”

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