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Reconocimiento facial para el sector inmobiliario

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Venimos oyendo sonar campanas sobre el reconocimiento facial hace ya tiempo, desde que vimos aquellas escenas de la película Minority Report —protagonizada por Tom Cruise— en la que los escaparates de las tiendas reconocían a su personaje —analizando su iris— y le mostraban anuncios personalizados, dirigiéndose a él por su nombre. Esta idea no es nueva —Minority Report se estrenó en 2002— pero es ahora cuando la realidad parece haber alcanzado a la ficción.

Si tenemos en cuenta la cantidad de información sobre nuestros hábitos de consumo y nuestras preferencias que hay “flotando por ahí afuera”, es evidente que desde el momento en que un escaparate pueda identificarnos y sepa quiénes somos, la tienda correspondiente podrá atinar mucho en los mensajes que nos lance. Porque si sabe quiénes somos, tendrá acceso a información sobre nuestros gustos, nuestro historial de compras del último mes, o incluso el dinero que nos queda en el banco.

Ahora bien, a priori, existen determinados mecanismos que impiden nuestra identificación personal, y la única información accesible es la que sirve —por ejemplo— para clasificarnos dentro un rango de edad o grupo étnico determinado. Pero la tecnología ya permite ir un paso más allá, sin vulnerar la privacidad de nuestros personales; gracias al reconocimiento facial, ya se pueden conocer las emociones o el estado de ánimo de cualquier sujeto, circunstancia que pretende aprovechar Walmart

El reconocimiento facial de Walmart

Walmart ha registrado una patente de reconocimiento facial, que permitiría detectar emociones negativas en los clientes de sus tiendas. Pretenden emplear esta tecnología para identificar clientes insatisfechos antes de que éstos lleguen a quejarse, atajando a tiempo sus problemas y ofreciéndoles una solución en ese mismo instante.

El razonamiento tiene su lógica; es mucho más costoso ganar un cliente nuevo que retener a un cliente existente, por lo que Walmart quiere impedir que de sus establecimientos salgan clientes insatisfechos. ¿Te imaginas salir por la puerta de una gran superficie y que te aborde un responsable de la tienda, preguntando si no has encontrado lo que querías, o si tus expectativas no se han visto cumplidas de algún modo? Algunos agradecerán la atención, pero es posible que otros salgan corriendo despavoridos.

Lo que también podrá hacer Walmart es tomar la información de las emociones de sus clientes, y cruzarla con los datos agregados de facturación; ¿compramos más cuando somos felices o compramos precisamente para ser felices? ¿Compramos por ansiedad? ¿Qué productos son más gratificantes de comprar? Sin duda, es una idea interesante, y constituye una fuente riquísima de datos para análisis mediante técnicas de Big Data.

Proveedores de tecnología de reconocimiento facial

Existen varios proveedores de reconocimiento facial, la mayoría de los cuales podríamos considerar “sospechosos habituales”. Amazon, Microsoft, Google, IBM o NEC están presentes en este sector, así como empresas menos conocidas para el gran público, como Cognitec, OpenCV o Kairos. Sus productos permiten detectar y reconocer caras, analizar la profundidad emocional, identificar diferentes emociones, saber la edad y clasificar a las personas por grupos étnicos.

reconocimiento facial

La pregunta obligada es si estaremos dispuestos a ceder todavía más en cuestiones de privacidad, a cambio de que nuestras experiencias en un centro comercial o en una tienda sean más “ricas”, por decirlo de algún modo. ¿Vamos a arriesgarnos a que nuestra cara se convierta en un código de barras, que lo diga todo sobre nosotros, sobre nuestros gustos, sobre nuestra inclinación por determinados productos, o sobre nuestro estado de ánimo?

Pero reconozcámoslo; desde el momento en que el reconocimiento facial se consolide, y utilicemos un selfie para desbloquear el teléfono —tal y como podremos con el iPhone8— o para arrancar el coche, ya no tendremos escapatoria. Toda nuestra información personal se asociará a nuestra cara —como si se tratara de una huella dactilar— y cualquier cámara lo podrá saber TODO sobre nosotros, de manera instantánea.

China, país en el que la privacidad no parece ser una prioridad, y a cuyo gobierno le interesa cualquier tecnología que permita supervisar más y mejor a sus ciudadanos, ha apostado fuertemente por el reconocimiento facial. En muchas fábricas y empresas los empleados ya tienen que “fichar” con un selfie. En algunos hoteles, colegios y guarderías se exige el escaneo facial para permitir la entrada. Incluso existe un KFC en Pekín que ofrece menús personalizados mediante el reconocimiento facial previo de sus clientes.

De lo que estamos seguros es de que a los empresarios chinos les interesará mucho saber cuáles de sus empleados son los más felices cuando empiezan la jornada, cuáles sienten una mayor motivación, cuáles están más descontentos, o cuáles tienen más problemas con la autoridad…

Reconocimiento facial para el inmobiliario

En el ámbito inmobiliario —más allá de lo ya explicado relativo al sector del retail, y salvaguardando los problemas de privacidad—, existen importantes aplicaciones de reconocimiento facial en el ámbito de la domótica y el control remoto de todo tipo de elementos.

Hoy día, lo que nos identifica y nos conecta al internet de las cosas es nuestro dispositivo móvil. Un edificio inteligente puede seguir nuestros movimientos a través del inmueble y abrir puertas, encender luces o conectar el aire acondicionado, en función de nuestras preferencias personales. Ahora bien, el edificio nos reconoce porque llevamos encima un dispositivo electrónico asociado con nuestras preferencias personales; si alguien nos sustrajera el teléfono, podrían suplantarnos fácilmente.

Ir a nuestro post sobre internet de las cosas en edificios de oficinas

Mediante reconocimiento facial, no necesitaremos llevar teléfono; nuestra cara nos identificará única e inequívocamente.

Y más temprano que tarde, podremos pagar “con la cara”, si se nos permite la expresión.

Jorge es un profesional inmobiliario con más de 15 años de experiencia, especializado en innovación inmobiliaria, desarrollo de negocio y corporate real estate internacional.

Jorge también es autor de “Officeye, la Guía de Edificios de Oficinas de Madrid” y de “Blockchain para todos los públicos y sus aplicaciones en el sector inmobiliario, financiero, sanitario y cultural”

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