PropTech Lab

Mucho PropTech, pero pocas nueces… ¿y Metrovacesa qué?

¿Te gusta este contenido? ¿Por qué no lo compartes?

Este fin de semana leía un artículo sobre el Salón del Automóvil de Ginebra, relativo a la lucha de las grandes marcas tradicionales por sobrevivir a un futuro dominado por vehículos eléctricos y/o sin conductor. Un salón con 113 años de historia —se dice pronto— y que los expertos afirman empieza a oler un poquito a rancio. ¿Por qué? Pues porque las grandes revoluciones de la industria ya no pertenecen al reino automovilístico, sino que se producen en ámbitos estrictamente ligados al universo digital.

Es cierto que todas las marcas de coche “de siempre” están reaccionando al cambio de tendencia, y que empiezan a lanzar —en tromba— al mercado versiones híbridas y eléctricas de sus vehículos convencionales, pero es bastante evidente que lo hacen porque no les ha quedado más remedio. Si de la mayoría de las marcas dependiera —y no hubiéramos sabido del escándalo “dieselgate”—, el gasoil seguiría siendo el protagonista de todas las fiestas y celebraciones.

Ahora bien, el panorama ha cambiado, y la gama de modelos eléctricos e híbridos es cada vez más extensa y variada, a pesar de lo cual la mayoría de las empresas siguen poniendo muchos de sus huevos en la cesta del diésel. VW, incluso, por boca de su CEO Matthias Mueller, ha predicho un renacimiento de este combustible. Al tiempo.

¿Y por qué cuesta tanto el cambio? Teniendo en cuenta que el Toyota Prius salió al mercado hace más de 20 años —¡¡en 1997!!—, ¿por qué hoy no conducimos todos un coche eléctrico, o como mínimo, híbrido?

Cuando la revolución tiene un origen exógeno

Tampoco es fácil esquivar la siguiente pregunta: ¿por qué no invirtieron Mercedes o BMW en la propulsión eléctrica hace 20 años? ¿Dónde estaríamos ahora si lo hubieran hecho, en lugar de dejar toda la innovación —y el atrevimiento— en manos de una empresa como Tesla?

Se trata de una cuestión de números. Desarrollar un coche nuevo cuesta cientos de millones de dólares —más de mil millones en algunos casos—, y esto es cuando se trata de un vehículo convencional, que hereda la plataforma de una serie anterior del mismo modelo. Desarrollar un modelo enteramente nuevo, desde cero, con un sistema de propulsión y tecnología totalmente diferente, multiplica los costes, a lo que hay que sumar el coste de implantar una infraestructura de recarga con la cobertura geográfica suficiente.

proptech blockchain metrovacesa

El Lynk & Co 01, un coche al que te puedes “suscribir”, como a Netflix

Y si te gustan mucho los coches, estarás entusiasmado con vehículos como el nuevo Jaguar I-Pace, el nuevo BMW i8 Roadster, el Audi E-tron Quattro o el Mercedes EQ, todos ellos coches eléctricos de marcas tradicionales, que pretenden hacer frente a la guerra declarada por los newcomers, como la arriba mencionada Tesla, Rimac, Nio o Lynk & Co.

Pero hay un problema: la revolución que se está produciendo en el sector del automóvil, no es una revolución automovilística, sino que es digital. Y las empresas que están cambiando las reglas e impactarán verdaderamente en cómo nos desplazamos —Google, Amazon, Apple…—, no asisten a los salones de automóvil, sino que están presentes en el CES de Las Vegas, la feria internacional dedicada a la electrónica de consumo, que tiene una sección completa dedicada a los vehículos sin conductor y a la tecnología automovilística. Como referencia, en el CES de este año (que tuvo lugar en enero) hubo 556 expositores en la sección dedicada a la industria del coche.

En todo caso, mi opinión es que marcas como Mercedes o VW llegan algo tarde a la fiesta; habiendo podido liderar el cambio durante las últimas dos décadas, optaron por resistirse y aferrarse al diésel, con premeditación, alevosía y nocturnidad en el caso del VW.

¿Por qué no se innova en el inmobiliario?

Y en el inmobiliario viene sucediendo algo parecido. A pesar de las evidentes ineficiencias en muchos de sus procesos, los principales operadores y partícipes del mercado no han necesitado —o querido— cambiarlo, porque la ineficiencia da de comer a muchas personas.

  • El sector es bastante muy opaco, permitiendo que los agentes, portales e intermediarios vendan información de mercado, o como mínimo utilicen su conocimiento de mercado para ganar clientes y mejorar su posicionamiento.
  • Los procesos son anacrónicos; el papel sigue siendo el soporte principal de las transacciones, y los registros de titularidad son —esencialmente— analógicos. Si quieres saber quién es el propietario de un determinado inmueble, tienes que pagar. Si quieres inscribir una compraventa en un registro determinado, tienes que pagar. Uno sabe cuando entra al Notario, pero no sabe cuándo va a salir, pero lo que sí tiene claro del Notario es que tiene que pagar. Existe un peaje para todo, sin excepción.
  • Y las casas se siguen construyendo como hace cien años. Es cierto que se habla mucho de la industrialización de la construcción y de innovaciones en impresión 3D, BIM, o nuevos materiales, pero el núcleo duro del sector emplea las prácticas de siempre.

¿Y por qué? ¿Por qué tanta resistencia al cambio?

¿Por qué se habla tanto de PropTech cuando las innovaciones de verdad, los cambios disruptivos, no se impulsan? Pues porque todos queremos disrupción, siempre y cuando la disrupción no nos quite el pan de la boca.

En definitiva, parece que en ocasiones se emplea el término del PropTech de manera muy alegre, con un fin más ligado al marketing que a la búsqueda real de la innovación. Triste, pero cierto.

Por ello me ha sorprendido gratamente la incorporación de Metrovacesa al consorcio Alastria, puesto que es la primera inmobiliaria relevante que apuesta por la tecnología blockchain, o que por lo menos se compromete con su desarrollo y consolidación.

Será interesante comprobar si Alastria, a pesar de contar entre sus miembros con grandes empresas representantes del establishment, realmente consigue trasladar al gran público la explosión de eficiencia que blockchain ofrece, aunque ello implique cambiar por completo las reglas que durante tanto tiempo han defendido.

Ir al artículo: Los jinetes tecnológicos de apocalipsis inmobiliario
Ir al artículo: ¿Propietarios de oficinas pagando a empresas por ocupar sus inmuebles?

Jorge es un profesional inmobiliario con más de 15 años de experiencia, especializado en innovación inmobiliaria, desarrollo de negocio y corporate real estate internacional.

Jorge también es autor de “Officeye, la Guía de Edificios de Oficinas de Madrid” y de “Blockchain para todos los públicos y sus aplicaciones en el sector inmobiliario, financiero, sanitario y cultural”

¿Te gusta este contenido? ¿Por qué no lo compartes?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *