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PropTech y Smart Cities en 2018; ¿y ahora qué?

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Llega esa época del año en la que empezamos a hacer valoraciones de lo conseguido durante los últimos doce meses y a planificar el camino a seguir desde el enero próximo en adelante; ¿hemos acertado y alcanzando nuestras metas? ¿Es necesario reorientar alguna de nuestras estrategias para de una vez por todas alcanzar el éxito? ¿Vamos a hacer algo de manera diferente o insistiremos en nuestra forma habitual de hacer las cosas? ¿En qué hemos fallado?

2017 ha sido un año importante para el PropTech; a pesar de que la tecnología ha estado al servicio del sector inmobiliario desde los años 80, no ha sido hasta ahora que el término se ha popularizado, hasta tal punto que casi ha adquirido personalidad propia. Todo en el sector parece girar en derredor del PropTech, siendo objeto de análisis y debate en diferentes publicaciones, eventos, conferencias y programas educativos, como si de la fiebre del oro se tratara.

Están surgiendo multitud de empresas y startups que prometen nuevas soluciones —sustentadas en la tecnología— para los viejos problemas del inmobiliario, tales como la falta de transparencia o la ineficiencia de los procesos. Dichas soluciones se están produciendo en el ámbito de la realidad virtual y aumentada, el internet de las cosas, el big data, la inteligencia artificial, el blockchain, la sostenibilidad, los nuevos materiales y el workplace, entre otras tantas disciplinas.

Y, como no podía ser de otra manera, muchos han visto en el PropTech una interesante oportunidad de negocio:

  • Los intermediarios luchan por internalizar las nuevas tecnologías en su cadena de valor para diferenciarse de su competencia, en la esperanza de vender más y mejor.
  • Los grandes propietarios están haciendo lo propio, modernizando sus inmuebles y adaptándolos a la nueva realidad del mercado.
  • Los consultores y analistas se están pertrechando también de la capacidad tecnológica necesaria para realizar mejores análisis y predicciones sobre el comportamiento de los mercados.
  • Desde los ámbitos más técnicos de la ingeniería y la arquitectura se están haciendo grandes esfuerzos por impulsar y consolidar definitivamente herramientas como BIM, la impresión 3D o la construcción robotizada.
  • Y huelga mencionar que en el ámbito del blockchain están surgiendo iniciativas muy interesantes y llamativas, que podrían darle un vuelco definitivo a los patrones de funcionamiento tradicionales del sector inmobiliario en todo el mundo.

Vale. Todo esto está genial, pero me pregunto si, entre todos, vamos a saber sacar el provecho adecuado de las nuevas tecnologías; ¿vamos a emplear el PropTech para la consecución de algo que favorezca el bien común, o vamos a perseguir la tecnología ciegamente en busca de nuestro propio beneficio? ¿Es el PropTech un fin en sí mismo o es un medio para ayudarnos a ser mejores profesionales, ciudadanos y personas?

El bien común; ¿qué es eso?

Personalmente, una manera fácil para mí de entender e ilustrar el bien común en términos inmobiliarios es mediante el concepto de smart city o ciudad inteligente. Una smart city se puede definir como aquella ciudad que, mediante el uso de la tecnología, consigue ser la mejor versión de sí misma: una ciudad limpia, sostenible, eficiente, segura, próspera y que no margina a las personas vulnerables, maximizando la calidad de vida de todos y fomentando la igualdad de oportunidades.

Y lo cierto es que el concepto de smart city tampoco es nuevo precisamente; venimos oyendo hablar de las ciudades inteligentes desde hace casi 20 años, motivo por el que te extrañará que esa supuesta “inteligencia” no esté más presente en la ciudad en la que vives.

Por ejemplo, aunque tenemos bastante claro que muchas ciudades cuentan con redes de sensores de diferente índole para monitorizar —gracias al internet de las cosas— la contaminación, el tráfico rodado o el tránsito peatonal, no existe realmente ninguna aplicación o uso real de esta información para la ciudadanía a pie de calle. Suponemos que los regidores de las ciudades recopilan toda esta información para gestionar los espacios públicos y las infraestructuras de manera más eficiente… pero solamente es una suposición. Seguramente no cuentes en tu teléfono móvil con ninguna app que te conecte realmente con tu ciudad, o que te permita influir e interactuar de algún modo con el entorno urbano.

De la misma manera, debes tener claro que cada uno de nosotros emite información constantemente desde diferentes dispositivos electrónicos, principalmente desde nuestro teléfono móvil. Alguien está recopilando información sobre nuestros movimientos dentro de la ciudad, sobre el tiempo que pasamos en el atasco, sentados en la oficina o caminando por la calle. Se conoce que, aunque desactives la localización de tu teléfono móvil, estás siendo monitorizado. Incluso es probable que, desde las aplicaciones que sí tienes en tu teléfono y gracias a las nuevas tecnologías de reconocimiento facial, se sepa si eres feliz o desgraciado, y cómo varía tu estado de ánimo a lo largo del día, en función de lo que estés haciendo en tu ciudad.

En definitiva, las ciudades inteligentes de hoy día recopilan mucha información sobre sus ciudadanos, pero no ofrecen mucha inteligencia a cambio, o por lo menos inteligencia que sea palpable, evidente y útil.

proptech 2018 smart cities

Hong Kong entre la niebla…

¿Es concebible una ciudad que sea más sensible a las necesidades e intereses de sus ciudadanos, en tiempo real? De la misma manera que las smart cities recopilan y analizan los datos sobre la actividad de sus ciudadanos, ¿hay alguna manera de que la ciudad pueda responder a los estímulos de sus ciudadanos en tiempo real? Si la ciudad “sabe” donde estamos en cada momento y hacia dónde vamos, ¿hay alguna manera de que la ciudad nos aporte valor en función de ello?

Por ejemplo, ¿tendría sentido que sobre la ciudad que todos conocemos y respiramos se desplegara una capa de realidad aumentada, con información en tiempo real sobre todo tipo de variables relativas al transporte, el tráfico y los servicios? ¿Es factible que la información que tú veas sea diferente a la información de la persona que tienes al lado? Si la ciudad sabe que todos los días hacemos el mismo recorrido en coche para llegar hasta el trabajo, ¿es viable que mediante señales de tráfico de realidad aumentada la ciudad nos indique cada día cuál es el recorrido más rápido?

De la misma manera, ¿qué tal si pudiéramos saber en tiempo real los niveles de contaminación atmosférica, y que la ciudad así nos lo indicara cuando saliéramos a correr por el parque, ayudándonos a evitar las zonas de mayor polución?

Solamente en el campo de la realidad aumentada, las posibilidades para una ciudad inteligente con ilimitadas.

Vayamos un paso más allá de la realidad aumentada e imaginemos que la ciudad funciona como un asistente virtual, con inteligencia artificial e incluso su propia voz. Una voz a la que dirigirnos para directamente informarnos sobre cualquier asunto relativo a la ciudad, o para solicitar un servicio de emergencia.

¿Acaso no es posible ya todo esto con la tecnología de la que disponemos hoy día?

La clave está en la inmediatez de la interacción entre la ciudad y sus ciudadanos, de manera que no solamente se recopilen datos en tiempo real, sino que también se ofrezca información a las personas de manera instantánea.

He aquí la oportunidad del PropTech para 2018 y en adelante; ¿es posible que, en lugar de buscar soluciones específicas —dentro de nuestra pequeña parcela de negocio— que satisfagan las necesidades particulares de nuestros clientes, debamos abordar estrategias más amplias y transversales que favorezcan el bien común mediante la articulación de ciudades inteligentes, más respetuosas con las personas y con el medioambiente?

Por ejemplo, ¿tiene sentido que los grandes propietarios persigan metas individuales de sostenibilidad y eficiencia energética en sus inmuebles, independientemente de lo que sucede a su alrededor?

Si una ciudad hace esfuerzos por reducir la congestión, ¿es coherente que se sigan construyendo edificios de oficinas con grandes dotaciones de aparcamiento que invitan al uso del vehículo privado?

Si las empresas están haciendo uso de la tecnología para mejorar el wellness y bienestar de sus empleados en las oficinas, ¿es lógico que se ignore a los indigentes que malviven en una caja de cartón a escasos metros de la entrada de sus oficinas?

¿No es posible emplear la tecnología para coordinar los intereses del sector público y el privado para potenciar los efectos de la innovación en el sector inmobiliario y que los beneficios de dicha innovación afecten a todos los ciudadanos de una smart city por igual?

Para terminar, un alegato final en favor de blockchain como herramienta vertebradora de las diferentes iniciativas smart city del futuro. Ante tal abundancia de datos a recopilar, registrar y compartir en una ciudad inteligente, serán necesarias plataformas descentralizadas para dar soporte a las estructuras de información, ofreciendo la necesaria transparencia, seguridad e inmutabilidad. De la interacción entre la ciudad y sus ciudadanos hará faltan también redes sobre las que realizar todo tipo de transacciones mediante contratos inteligentes blockchain.

Te invito a leer mi libro “Blockchain para todos los públicos”, en el que encontrarás más ejemplos del uso de blockchain en ciudades inteligentes, o a consultar cualquiera de los siguientes artículos.

Las 5 plataformas blockchain más prometedoras del momento
PropTech, big data y blockchain contra el terrorismo
Qué es Ethereum y por qué interesa a BBVA y Santander
Blockchain inmobiliario explicado para niños de 3 años

Jorge es un profesional inmobiliario con más de 15 años de experiencia, especializado en innovación inmobiliaria, desarrollo de negocio y corporate real estate internacional.

Jorge también es autor de “Officeye, la Guía de Edificios de Oficinas de Madrid” y de “Blockchain para todos los públicos y sus aplicaciones en el sector inmobiliario, financiero, sanitario y cultural”

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