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Internet de las cosas COGNITIVO; ejemplo práctico en inmobiliario

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En un artículo reciente escribíamos sobre el internet de las cosas en edificios inteligentes y detallábamos 10 ejemplos concretos de esta tecnología que ya empiezan a consolidarse en el mercado inmobiliario. Ahora bien, la realidad es que sólo hemos rascado la superficie del mundo IoT, motivo por el que queremos seguir profundizando en él, con un análisis del internet de las cosas cognitivo.

De momento sabemos que, gracias al internet de las cosas, la maquinaria y los equipos —en nuestro caso, de los inmuebles— son capaces de comunicarse a través de la red, para informar sobre aspectos relativos a su posición, su estado, su temperatura, su humedad, etc.

Ahora bien, el internet de las cosas cognitivo —gracias a la computación cognitiva— permite que los sistemas no solamente recopilen información y actúen sobre dicha información mediante diferentes tipos de automatismos; el IoT cognitivo incorpora tres nuevos elementos fundamentales a la ecuación.

  • Razonamiento. El sistema u ordenador toma el modelo de entendimiento y lo emplea para responder a cuestiones o solucionar problemas sin necesariamente tener las soluciones programadas previamente.
  • Aprendizaje. Es la capacidad de los sistemas de adquirir conocimiento a partir de los datos y acontecimientos. El aprendizaje ayuda a la optimización de los procesos, haciéndolos más eficientes y sin necesidad de intervención humana.

La principal razón por la que es importante el internet de las cosas cognitivo es porque cada vez va a haber más interacción directa entre los humanos y las máquinas. Hasta la fecha, los esfuerzos se habían centrado en que los humanos conocieran el lenguaje de las máquinas, pero esta tendencia se está invirtiendo y la gente necesita poder comunicarse con las máquinas en el lenguaje natural propio de los humanos. Esto sólo es posible con la computación cognitiva.

Piensa en Siri de Apple, en Cortana de Microsoft, o en Google Now. Todas son interfaces —o “asistentes personales”— que te permiten interactuar con tu teléfono móvil u ordenador mediante tu lenguaje natural. No son sistemas perfectos, y no tienen respuestas para todo, pero se sustentan sobre sistemas cognitivos que aprenden de su interacción contigo y de otros factores externos, como tu localización, la hora del día o tu historial de búsqueda en internet. Todo ello para ofrecerte respuestas más personalizadas y, en definitiva, más humanas.

Pero regresemos al mundo inmobiliario; ¿cómo aterriza el internet de las cosas cognitivo en el real estate? ¿Cuáles son sus aplicaciones prácticas?

internet de las cosas cognitivo

Conversaciones reales entre máquinas Kone; ¿asombroso o escalofriante?

Ejemplos inmobiliarios del internet de las cosas cognitivo

Harman, la empresa estadounidense —recientemente adquirida por Samsung— dedicada a la fabricación de soluciones “conectadas” para todo tipo de industrias, ha desarrollado lo que denominan como “Cognitive Rooms”, o “Habitaciones Cognitivas”, pensadas para hospitales, hoteles y edificios de oficinas. Se han apoyado para ello en el software Watson de IBM.

¿Qué son las habitaciones cognitivas? Básicamente son habitaciones en las que puedes necesitar realizar acciones sencillas —como graduar las luces, subir el aire acondicionado o encender el proyector— y que la tecnología te permite hacer empleando tu lenguaje natural. Uno podría pensar que son acciones tan sencillas que no es necesario recurrir a computación cognitiva para asistirnos, pero ¿quién no se ha encontrado en una sala de reuniones intentando comenzar una presentación PowerPoint y se ha visto superado por problemas técnicos muy sencillos? No es extraño perder valiosos minutos al comienzo de cualquier reunión intentando comprender el lenguaje de las máquinas, el lugar en el que están los interruptores las luces, o el escondite del mando a distancia de la climatización.

Este tipo de instalaciones son además capaces de aprender y adaptar su comportamiento en base a la experiencia. Si todos los lunes a las 9 de la mañana se celebra la misma reunión, el sistema dispondrá la habitación en las mismas condiciones de temperatura e iluminación de la última vez. Conectará el sistema de videoconferencia para que esté preparado para volver a utilizarse, como en la reunión anterior. Podrá incluso adaptar el frío y calor en función de la temperatura exterior o el número de asistentes a la reunión; sabrá cuántos asisten y quiénes son, gracias al uso de sensores.

En el mundo hospitalario tiene también mucho sentido. Las soluciones de Harman ofrecen habitaciones de hospital en las que el enfermo puede controlarlo todo con la voz; llamar a una enfermera, controlar la climatización, abrir o cerrar ventanas, subir o bajar la cama, encender y apagar el televisor, preguntar sobre el horario de visitas, conocer su historial médico, saber más sobre el médico o cirujano que le atiende, etc. Las posibilidades son ciertamente, ilimitadas.

Otro ejemplo muy interesante y llamativo del internet de las cosas cognitivo es el sistema que ha implantado Kone, de nuevo con la colaboración del software Watson de IBM.

Lo que está haciendo Kone es conectar todos sus elevadores a la “nube Kone”, de modo que éstos puedan “hablar” con sus servicios centrales y comunicar su actividad en tiempo real, avisando a tiempo —y prediciendo— cualquier tipo de problema o incidencia.

Para ilustrar la tecnología, Kone ha dispuesto una página web en la que, literalmente, pueden verse las comunicaciones de sus ascensores.

Si un ascensor se ha detenido algunos milímetros por encima del objetivo, la desviación es reportada. Si un ascensor realiza un “aterrizaje” perfecto, también lo comunica a la “nube Kone”. Si las puertas hacen algo más de ruido del habitual, la nube lo sabe. Si se produce una vibración, también se toma nota de ello. Si algún pequeño fallo se repite más de lo normal, se solicita automáticamente la asistencia de un técnico para realizar el correspondiente mantenimiento preventivo.

Estas conversaciones que ilustra Kone en su página web son hipnóticas y, hasta cierto punto, escalofriantes. Porque representan intercambios reales de información entre máquinas y evidencian ciertos niveles de “inteligencia”. Inteligencia por la que uno no sabe si debería preocuparse…

Jorge es un profesional inmobiliario con más de 15 años de experiencia, especializado en innovación inmobiliaria, desarrollo de negocio y corporate real estate internacional.

Jorge también es autor de “Officeye, la Guía de Edificios de Oficinas de Madrid” y de “Blockchain para todos los públicos y sus aplicaciones en el sector inmobiliario, financiero, sanitario y cultural”

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