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Cloud computing, edge computing y real estate

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¿Computación en la nube? ¿Computación en “el borde”? ¿Qué borde? ¿Y qué tiene que ver esto con el sector inmobiliario? ¿No nos estaremos desviando un poquito del proptech?

Lo cierto es que no, no nos estamos desviando en absoluto, porque todo esto está relacionado directamente con el internet de las cosas, que a su vez entronca con la sensorización de máquinas y equipos en edificios, y por ende con smart buildings y smart cities.

Veamos, sobre la computación en la nube no creemos que haga falta ahondar mucho. Todos sabemos que la mayoría de los datos que producimos, a través de nuestros teléfonos y ordenadores —entre otros muchos dispositivos— se procesan y almacenan “allí afuera”, o “allí arriba”, y quedan guardados en algún servidor, ya sea de Facebook, de Google, de Apple, de Amazon, o de cualesquiera otros proveedores tecnológicos de los que existen hoy día.

Antes de que existiera la computación en la nube, el procesamiento y almacenaje de información la realizaban nuestros propios dispositivos. Instalábamos —por ejemplo— una versión completa de Microsoft Office, con sus correspondientes programas de procesamiento de textos —Word—, manejo de hojas de cálculo —Excel— o producción de presentaciones —PowerPoint—. Y aunque sigamos teniendo muchas de estas aplicaciones instaladas en nuestros ordenadores, ya es posible operar directamente desde la nube, sin necesariamente descargar nada en tu máquina local. A través de Google, por ejemplo, puedes crear documentos de texto, hojas de cálculo y presentaciones, sin pasar por el peaje de Microsoft. Y todos conocemos DropBox, o Google Drive, o Apple iCloud, o Microsoft OneDrive, entre otros tantos.

Algunos cineastas han jugado incluso con la idea de subir a la nube la consciencia de una persona:

Ahora bien, con la irrupción del internet de las cosas, las aplicaciones móviles y los famosos sensores, la cantidad de información que se envía a la nube se va a incrementar exponencialmente. Teniendo en cuenta que habrá sensores en todas partes, controlando todo tipo de parámetros relativos a las personas y a las máquinas, uno podría cuestionarse si habrá espacio para tanta información. ¿Cuántos servidores serán necesarios? ¿Dónde los construiremos? ¿Dispondremos de energía suficiente para enfriarlos? En este sentido, existe una relativa tranquilidad por parte de los expertos; la capacidad de la nube no es el problema.

Lo que sí podría ser un problema es la velocidad. Teniendo en cuenta que muchos de los sensores del internet de las cosas van a estar instalados —por ejemplo— en coches autónomos, en drones, en aviones, o en dispositivos que controlan el tráfico de todos ellos, la pregunta es si tiene sentido enviar la información que éstos producen hasta la nube, para procesarla, devolverla, y en base a ello, tomar decisiones.

Por ejemplo, tomemos un coche autónomo; un vehículo en marcha está tomando imágenes en 360º continuamente y enviándolas a la nube. Estas imágenes se procesan junto con la información de geoposicionamiento, para en función de ello decidir si frenar, cambiar de carril o adelantar a otro vehículo, y todo ello ha de suceder en milésimas de segundo. Si esta toma de decisiones tiene lugar en la nube, se pierde un tiempo muy valioso, y es aquí donde encuentra su sentido la computación en el borde o “edge computing”.

Mediante el edge computing, el sensor correspondiente tiene capacidad para procesar total o parcialmente la información que produce, reduciendo la denominada latencia; en términos más llanos, la información no tiene que ir hasta un servidor lejano y volver para poder actuar sobre ella. La decisión se toma localmente y la respuesta es más instantánea, permitiendo tiempos de respuesta más rápidos.

Una alternativa a la de que los propios sensores del internet de las cosas puedan procesar información es la de instalar redes de centros de proceso de datos locales, más cercanas a los usuarios, circunstancia que también reduciría la latencia. Por ejemplo, existe una startup llamada Vapor que ofrece “micro centros de procesamiento de datos” que se instalarían en las torres telefónicas actuales, como manera de acercar la nube hasta los usuarios.

¿Pero qué relación tiene todo esto con el sector inmobiliario?

Piensa en todos los sensores que se están instalando en edificios inteligentes y que necesitan respuesta instantánea. Sensores dedicados al mantenimiento preventivo y correctivo de todo tipo de instalaciones, o aplicaciones para seguridad. ¿Y qué me dices de los sensores empleados para la detección de movimientos sísmicos en edificios e infraestructuras? Los edificios inteligentes y, por extensión, las ciudades inteligentes, dependen para su buen funcionamiento de una alta velocidad en el procesamiento de datos; ésta es la razón de la existencia del edge computing.

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Jorge es un profesional inmobiliario con más de 15 años de experiencia, especializado en innovación inmobiliaria, desarrollo de negocio y corporate real estate internacional.

Jorge también es autor de “Officeye, la Guía de Edificios de Oficinas de Madrid” y de “Blockchain para todos los públicos y sus aplicaciones en el sector inmobiliario, financiero, sanitario y cultural”

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