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La apuesta de Cushman por Bowery; ¿el futuro de las valoraciones?

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De mi época pasada en el mundo de la consultoría inmobiliaria, una de las cosas que recuerdo es el ingente número de horas que trabajaba el equipo de valoraciones. Por ejemplo, cuando llegaba el momento de sentarse a la mesa en la cena de Navidad de la empresa, el equipo de valoraciones —al completo— seguía en la oficina, terminando una valoración para algún key client. Esto sucedía todos los años, y la Navidad no era una excepción. Los valoradores se relacionaban poco con el resto de los compañeros, pero no por falta de ganas, sino porque siempre estaban anclados a sus mesas con una valoración urgente y/o importante.

Los valoradores trabajaban jornadas maratonianas y sin descanso, o por lo menos me lo parecía a mí, visto a través del prisma más comercial de la empresa —el departamento de agencia—, en el que el horario era más relajado y no tan intensivo en horas.

Otro de los aspectos de las valoraciones que llamaba mi atención era lo artesanal de su trabajo. Empleaban un software —similar a Excel— en el que volcaban toda la información relativa a los inmuebles objeto de estudio, pero la información con la que alimentaban el sistema era recogida de manera muy manual. Realizaban llamadas de teléfono a múltiples vendedores para obtener comparables de precio, consultaban incansablemente los portales inmobiliarios, contactaban con agentes locales para entender los diferentes mercados y realizaban inspecciones físicas de los inmuebles que podían convertirse en auténticas peregrinaciones.

innovación en valoraciones inmobiliarias

En este último punto, el de las visitas a los inmuebles, recuerdo que en los portfolios siempre existían inmuebles situados en zonas muy aisladas, que para llegar hasta ellos exigían la combinación del tren y/o avión con el alquiler de un coche. Visitar un inmueble, independientemente de cuál fuera su peso específico con relación al portolio global, consumía un día completo —o dos— de tiempo, con el único resultado de poder decirle al cliente que la inspección física había sido realizada, aunque la inspección en sí no aportara mucho valor al proceso.

Por añadidura, me consta que una de las labores más tediosas para los valoradores era la parte escrita de los informes, en la que se debía justificar un determinado valor para un inmueble. Porque describir un único inmueble es fácil, pero realizar decenas de descripciones diferentes, para —por ejemplo— locales comerciales que se parecen mucho entre sí, puede resultar difícil, particularmente cuando todos tus compañeros de trabajo esperan sentados a la mesa en la cena de Navidad.

En definitiva, el proceso de valoraciones inmobiliarias, en su conjunto, era altamente ineficiente, y —sin conocer plenamente las interioridades de la profesión— mi sospecha es que hoy en día lo sigue siendo.

En PropTech Lab ya he abordado la nueva “vitamina” que las valoraciones han empezado a consumir, a saber, la vitamina del big data, y las colaboraciones que han surgido de la confluencia de ambos mundos. Un ejemplo es el acuerdo entre Urban Data Analytics y Sociedad de Tasación, cuyos servicios apuntan a permitir la toma de decisiones “en tiempo real” a los principales agentes del mercado. Más concretamente, se refieren a “una unión bidireccional entre la mezcla y tratamiento de fuentes de datos y el rigor de los profesionales de campo permitirá enriquecer el análisis de carteras masivas y estrategias de inversión/desinversión en tiempo real”.

Ir al artículo: Tasadores, ¿están heridos de muerte?

Es decir, las peregrinaciones hasta los inmuebles seguirán siendo necesarias, pero los valoradores dispondrán de fuentes de datos más ricas e instantáneas con las que contrastar la información que recaben a pie de inmueble, o por lo menos así lo entiendo yo.

Cushman apuesta por Bowery, “la primera app móvil de inspección”

Afortunadamente, se siguen produciendo innovaciones en el ámbito de las valoraciones. La última proviene de Bowery Valuation, una empresa en la que ha invertido Cushman & Wakefield, consultora que ya está utilizando su tecnología —de momento, solamente en NY— para automatizar y optimizar el proceso de valoración inmobiliaria.

La solución de Bowery tiene tres funciones que me parecen especialmente interesantes:

  • Su aplicación móvil está diseñada específicamente para uso por parte del valorador, sobre el terreno. La app evita que el profesional tenga que anotar todo lo que ve, gracias a un sistema de menús desplegables y casillas seleccionables. La información recabada se guarda automáticamente para su uso posterior.
  • Bowery cuenta con un sistema que denomina “passive databasing”, que rastrea la red y almacena continua y automáticamente comparables inmobiliarios para su consulta posterior.
  • Una última función de la aplicación es su generador de lenguaje natural. El valorador no tiene que repetir un mismo párrafo incontables veces para describir diferentes inmuebles; se seleccionan las celdas que mejor describen a los inmuebles y el sistema genera el texto automáticamente.

Jorge es un profesional inmobiliario con más de 15 años de experiencia, especializado en innovación inmobiliaria, desarrollo de negocio y corporate real estate internacional.

Jorge también es autor de “Officeye, la Guía de Edificios de Oficinas de Madrid” y de “Blockchain para todos los públicos y sus aplicaciones en el sector inmobiliario, financiero, sanitario y cultural”

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