PropTech Lab

Viajar a cualquier parte del mundo en menos de una hora

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En PropTech Lab somos fans de los nuevos medios de transporte, desde la creencia que éstos moldearán las ciudades del futuro. Desde la bicicleta, el patinete o el monopatín —en sus correspondientes versiones convencionales y eléctricas— hasta el coche volador, pasando por el Hyperloop —de Elon Musk—, el propio coche eléctrico e incluso la teletransportación cuántica. Sí, la teletransportación, a lo Star Trek, que será posible dentro de un milenio, año arriba, año abajo.

Porque los medios de transporte tienen un impacto directo en el urbanismo y comunicaciones. Por ejemplo, cuando los coches sean definitivamente autónomos y se conduzcan solos, quizá no sea necesario que los edificios de oficinas cuenten con grandes dotaciones de aparcamiento. Como ya hemos relatado aquí, ¿para qué dejar el coche inmóvil durante tantas horas, si puede —él solito— estar repartiendo paquetes, recogiendo a los niños del colegio, o transportando a otras personas?

De la misma manera, cuando el parque móvil sea completamente eléctrico, las ciudades serán menos ruidosas y más limpias. Los edificios necesitarán menos aislamiento acústico, y no habrá que prestar tanta atención a los problemas derivados de la calidad del aire. Los centros urbanos serán más verdes y amables.

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Llega el Big Fucking Rocket… con perdón

Ahora bien, aunque nos atraen mucho los medios de transporte limpios y silenciosos, nos llama también mucho la atención la última ocurrencia de Elon Musk —sí, otra vez…—, basada en la tecnología aeroespacial que ya está impulsando desde SpaceX, la empresa que nos permitirá colonizar Marte y convertirnos en una especie interplanetaria… a lo Star Trek.

Emplear tecnología aeroespacial en este caso conlleva el uso de cohetes; cohetes tan grandes que en la propia SpaceX emplean el acrónimo BFR —Big Fucking Rocket— para referirse a ellos. El cohetito en cuestión para el transporte terrestre que propone Elon Musk llevaría a los pasajeros mediante un vuelo suborbital a cualquier parte del mundo en menos de una hora, y a la mayoría de destinos en menos de 30 minutos.

Te podrá parecer exótico, pero SpaceX ya está realizando lanzamientos al espacio de manera sistemática y continuada, con la particularidad de que consiguen reutilizar los cohetes; una vez ponen sus satélites en órbita, los cohetes vuelven a tierra y aterrizan sobre plataformas marítimas. Esto permite reducir significativamente el coste e incrementar el número de misiones.

De acuerdo, lo de poner satélites en órbita está muy bien, pero… ¿cómo sería la logística para el transporte de pasajeros?

La logística se ilustra muy bien en el vídeo publicado por SpaceX la semana pasada: los pasajeros son trasladados en barco hasta una plataforma flotante, desde la que se despega y alcanza la altura suborbital. La unidad de propulsión se separa de la cápsula principal y, a 27.000 km/h, se alcanza el destino (desde Nueva York a Shanghai) en 39 minutos. Mientras tanto, la unidad de propulsión regresa al punto de origen para ser reutilizada en sucesivos despegues.

Está bien,  no te lo crees, porque esto, al fin y al cabo, solamente se trata de un vídeo, ¿no?

Bueno, Elon Musk tiene la mala costumbre de poner sus ideas en práctica; lo hizo con el coche eléctrico Tesla, lo está haciendo con Hyperloop y quizá no tardemos en poder viajar a cualquier punto del globo en 30 minutos.

Y esto nos lleva de regreso al punto de partida, a saber, a la relación que tiene el transporte con la configuración de las ciudades. Piénsalo por un instante: ¿por qué vives donde vives? Es probable que el trabajo tenga bastante que ver.

Seguramente tardes entre 30 y 60 minutos en llegar hasta tu lugar de trabajo todos los días, y que este tiempo defina la distancia máxima a la que puedes estar de tu oficina. Dependiendo de la ciudad en la que vivas y de las alternativas de transporte que tengas, esa distancia podrá ser de 5, 15, 25 o 50 kilómetros. ¿Cierto?

Ahora olvídate de este círculo. Imagina que no hay círculo. Imagina que pudieras vivir en Nueva York, en Tokio, o en Hawái, y seguir yendo a trabajar todas las mañanas a la misma oficina, invirtiendo el mismo tiempo. ¿Dónde vivirías?

¿Tendría sentido comprar o alquilar una vivienda en tu ciudad, o te irías a vivir a otro continente, con mejor calidad de vida y donde tu poder adquisitivo fuera mayor?

Sobre el papel, es una alternativa interesante, pero la realidad plantearía retos importantes. Hay que considerar el coste de un viaje así, además de los efectos que tienen estos vuelos sobre el cuerpo humano. Durante el despegue uno es sometido a fuerzas G no aptas para todos los públicos, y en las capas suborbitales de la Tierra uno queda expuesto a altas dosis de radiación. A su vez necesitarías tener una plataforma de despegue cerca de tu casa, y otra cerca de tu oficina…

¿Cuánto tardaremos en resolver estos problemas técnicos y logísticos?

No se sabe, pero lo que sí es innegable es que se están produciendo ya importantísimas innovaciones en el mundo del transporte, y que éstas tendrán un impacto significativo en la configuración de nuestras ciudades.

Jorge es un profesional inmobiliario con más de 15 años de experiencia, especializado en innovación inmobiliaria, desarrollo de negocio y corporate real estate internacional. Jorge también es autor de "Officeye, la Guía de Edificios de Oficinas de Madrid" y de "Blockchain para todos los públicos y sus aplicaciones en el sector inmobiliario, financiero, sanitario y cultural"
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